Y entonces se levanto, y continuo su camino por el desierto, las balas en el pecho seguían allí, pero con la diferencia que ahora había aprendido a convivir con ellas, las balas ya formaban parte de su vida, y ya no podían atravesarla ni un solo centímetro, estaban en el pecho clavadas como una estaca, para recordar que el sufrimiento seguía latente, pero debía continuar...

No hay comentarios:
Publicar un comentario